Carta para la General Escarlata.

Ior , 2008/Dec/06

Ahora no sé que debo decir, que es lo suficientemente digno de ser escuchado por su imponente figura; a usted, a todo lo que representa, a todo lo que es para mi... si permanezco un momento más así me temo que solo muera con mis pensamientos y aun si no soy digno, quiero que por un momento sea para mi y mis palabras.

Desde que estoy en la frontera no me han pasado más que percances, traiciones y fallos a mi mismo, no creo tener la fuerza para volver a intentar regresar una vez más; lo intenté una vez ya hace tiempo y he perdido el recuerdo de las veces y de mis intentos, de todas las oportunidades en que fui rechazado por su voluntad junto con mi miseria también he visto como hombres mejores reciben su palabra como el viento insensible de las profundidades en que se fortifican las grandes hazañas del hombre o como su mirada se vuelve tan cálida y tan cercana como los vientos en la pradera más lejana de todo ser humano y aun allí rebosante de vida inocente. Algo con lo que me aferrado a vivir es el hecho de lo que he aprendido, si fui débil entonces me puse en las primeras lineas del límite de nuestros enemigos, si mi palabra fue insulsa entonces me plantee enfrente de los hombres para guiarlos o encontrar a quien me guíe, si fue inocente entonces me regocijé con las historias de hombres más grandes que yo; pero de nada servirá si no me ve, solo su palabra me basta, solo sus deseos me importan , solo su juicio es lo justo, si soy valioso solo lo quiero escuchar de ti.

Dentro de esta soledad de trincheras en el campo desolado de enemigos, me encuentro pensando en si es suficiente todo lo que he aprendido, mientras más he visto y viajado el mundo me parece más grande y amable pero su recuerdo me lleva de nuevo la vista hacia el horizonte, a los bajos llanos de su hogar y del cuartel. Mi mayor miedo es pensar que no podré volver, y que todo mi esfuerzo se pierda entre estas piedras desgastadas por el viento, así que me aferraré al mismo viento que destruye a las impolutas montañas, y le escribiré, que sea el viento mi último alcance con sus pensamientos, deseo contarle todo lo que he vivido, todo lo que he escuchado, todo lo que he compartido en su nombre; escribiré estas historias que me han forjado para su agrado, para su sueños y que aunque no pueda ya volver deseo que en sus sueños me encuentre a su lado aún por un momento breve y efímero, será suficiente si tan solo regresa a mirar dentro de sus delirios nocturnos al triste semblante parado junto a la puerta del cuartel.

Trevor.

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